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Cepillos industriales, detrás de ellos puede haber mucho más que un producto de catálogo. Puede haber una herramienta para remover óxido de una pieza, limpiar el interior de una caldera, trabajar sobre una superficie metálica o incluso reemplazar un componente de una máquina importada que ya no se consigue en el país.

Esa amplitud de aplicaciones forma parte de la historia de Cepillos Industriales Triunfo, una empresa familiar argentina que ya alcanzó los 100 años de trayectoria y que hoy combina productos destinados al canal ferretero con desarrollos específicos para distintas ramas de la industria.

La historia comenzó con los abuelos de la actual generación, que adquirieron una fábrica de cepillos ya existente. Luego continuó con la segunda generación y hoy son hijos y nietos quienes mantienen la actividad.

“Ahora nosotros y nuestros hijos seguimos el legado”, resumieron durante la visita de Mundo Ferretero a la empresa.

De la ferretería a la industria

En sus orígenes, la producción estuvo fuertemente vinculada al mercado ferretero.

Con el paso de los años, y especialmente frente al crecimiento de los productos importados durante la década de 1990, la empresa comenzó a ampliar su presencia industrial.

La decisión no significó abandonar la ferretería, sino sumar mercados y aplicaciones.

Actualmente, sus cepillos se utilizan en actividades tan diferentes como siderurgia, metalurgia, industria alimenticia, automotriz, farmacéutica, maderera, gráfica, textil y mantenimiento industrial.

Dentro del catálogo conviven cepillos circulares y de copa, microcepillos, tubulares, baquetas, rodillos, bandas lineales, cepillos helicoidales y desarrollos especiales.

Los productos que llegan al mostrador

En el canal ferretero, algunos de los productos de mayor presencia son los cepillos para amoladoras, cepillos circulares, microcepillos y distintas soluciones destinadas a tareas de limpieza y mantenimiento.

Los cepillos tubulares y las baquetas, por ejemplo, permiten trabajar sobre el interior de tubos, cañerías y calderas para eliminar óxido, residuos y adherencias.

Pero para Triunfo la diferenciación no pasa solamente por la cantidad de modelos disponibles.

La empresa trabaja con diferentes materiales según la aplicación, entre ellos acero, acero inoxidable, bronce, nylon, fibras vegetales y cerda animal.

La elección del material, el diámetro, la forma, la densidad y otras características del cepillo pueden cambiar completamente su comportamiento.

Ahí aparece uno de los puntos donde el conocimiento del producto empieza a ser tan importante como el precio.

Cuando el ferretero recibe un pedido que “no existe”

Uno de los aspectos más interesantes para el canal aparece fuera del catálogo estándar.

En muchas localidades, especialmente en el interior del país, las ferreterías reciben consultas de industrias, talleres y empresas que necesitan reemplazar un cepillo específico.

Puede tratarse del repuesto de una máquina importada, un componente que dejó de fabricarse o simplemente una medida que no existe como producto estándar.

Frente a ese pedido, la respuesta habitual podría ser: “eso no se consigue”.

Pero no necesariamente.

Cepillos Triunfo fabrica trabajos especiales a partir de planos, muestras o especificaciones del usuario.

“Hemos desarrollado muchísimos cepillos que después venden los ferreteros y que son cepillos especiales para empresas”, explicaron desde la compañía.

El procedimiento puede comenzar con el plano de una máquina o incluso con el repuesto usado que el cliente necesita reproducir.

A partir de esa información se desarrolla un cepillo respetando las características necesarias para esa aplicación.

La ferretería como proveedor de soluciones

Para el ferretero, esta posibilidad abre un negocio diferente al de vender solamente productos que tiene disponibles en la estantería.

Supongamos que una industria de su zona necesita reemplazar periódicamente un cepillo de una determinada máquina.

El ferretero puede simplemente responder que no trabaja ese repuesto.

Pero también puede tomar la consulta, reunir las especificaciones y recurrir a un fabricante capaz de desarrollarlo.

En ese segundo escenario deja de ser solamente un punto de venta.

Se transforma en proveedor.

Y posiblemente también genere una relación comercial recurrente con ese cliente industrial.

Ese es uno de los espacios donde la ferretería tradicional puede encontrar nuevas oportunidades: conocer fabricantes especializados capaces de resolver pedidos que, a primera vista, parecen quedar fuera de su catálogo habitual.

Calidad frente a precio

La presencia de productos importados de bajo precio obliga además a discutir otro tema frecuente en el mostrador: qué está comprando realmente el cliente cuando elige solamente por precio.

En un cepillo industrial, el material utilizado, la construcción y la adecuación a la tarea que debe realizar tienen una incidencia directa en el resultado.

Para Triunfo, uno de sus principales diferenciales está precisamente en combinar variedad con calidad de materiales.

Pero para el ferretero existe además otra cuestión comercial.

No siempre el producto más barato es necesariamente el producto que más le conviene vender.

Cuando existe una diferencia concreta de calidad, aplicación o durabilidad, poder explicarla permite salir de una discusión basada exclusivamente en precio y pasar a vender la solución adecuada para el trabajo.

Cien años, cuatro generaciones y el mismo producto en permanente evolución

La historia de Cepillos Triunfo también muestra cómo puede cambiar una empresa industrial sin abandonar su especialidad.

Comenzó fabricando fundamentalmente para ferreterías, amplió su presencia hacia numerosas industrias y desarrolló capacidad para fabricar productos especiales, pero continuó alrededor de una misma tecnología: el cepillo.

Hoy esa experiencia permite fabricar desde pequeños microcepillos hasta grandes rodillos industriales y soluciones diseñadas específicamente para una máquina o proceso.

Y deja una enseñanza interesante para el canal ferretero.

A veces, detrás de una consulta que parece demasiado específica y que invita a responder “no lo tengo”, puede esconderse un cliente industrial y una oportunidad de negocio.

La diferencia está en saber a quién preguntarle.

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